Las raciones y cantidades dentro de una dieta

Gracias a uno de vuestros comentarios se me ocurrió escribiros acerca de las cantidades de comida que deberíamos tomar tanto para perder peso como para mantener el que ya tenemos.

Cuando nos ponemos a dieta se nos viene a la cabeza la idea de un plato blanco, casi vacío, con un par de zanahorias baby y un filetito de pollo… ¡qué triste! Nada más lejos de la realidad…

Las cantidades son importantes, llega un momento en que tienes que plantearte si estás comiendo demasiado. También es verdad que los estudios (y mi propia experiencia) dicen que todos pensamos que las raciones que tomamos a diario es lo que consideramos como “normal”. Y esta normalidad va directamente ligada a la constitución y el peso de cada persona. El organismo tiene un sistema de autorregulación en todos los sentidos, y esto incluye la cantidad de comida que cae en el plato.

Pero a veces luchamos contra esta autorregulación; bien porque nos guste mucho comer y comamos más de lo que realmente necesitamos como si estamos intentando perder peso y cojamos una ración más pequeña de la que veníamos tomando.

n el 90% de los casos, cuando yo pongo a una persona a dieta no limito las cantidades, porque simplemente con el cambio de alimentación, quitar las grasas saturadas, los fritos, dulces, picoteo… es efectivo. Así que evitamos empezar la dieta preocupados por pasar hambre. Empezamos por controlar “el deseo” de aquellos alimentos que son demasiado calóricos y con el tiempo… con el tiempo ya afrontaremos el tema de las raciones.

Si llevamos a dieta bastante tiempo y la pérdida de peso no va al ritmo que debería, entonces sí tenemos que empezar a mirar las raciones, pues hay personas que de por sí tienen buenos hábitos y quizás comen demasiado, aunque más o menos sano.

Otra situación en la que tenemos que controlar las cantidades es en personas que necesitan una dieta con el máximo de hidratos de carbono complejos (pan, pasta, arroz, patatas), pues son bastante energéticos y nos podemos pasar de calorías y los hidratos de carbono si no se queman se acumulan en forma de grasa.

Por último un truco… siempre debe ser más generoso el primer plato que el segundo, sobre todo cuando es un primero en forma de ensalada o verduras. Con esto calmamos el hambre inicial a la hora de comer y llegamos más “tranquilos” al segundo, generalmente más calórico (proteínas en forma de carnes, pescados o huevo).

 

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