La verdad sobre las dietas milagro

Uno de los problemas de las dietas milagro es que están elaborados por personas no relacionadas con el campo de la nutrición y tienen en común una rápida pérdida de peso sin esfuerzos físicos. En la mayoría de casos implicarán grandes restricciones calóricas con situaciones de carencias de vitaminas y minerales, pudiendo causar graves alteraciones metabólicas. El éxito de las dietas se basa en una pérdida de masa muscular asociada a una situación de semi-ayuno prolongado donde el organismo, ante una falta de energía, utilizará como fuente alternativa de energía las proteínas del cuerpo. Las dietas milagro se pueden clasificar en tres grandes grupos:

  • Dietas hipocalóricas desequilibradas o Monodietas: Ingerir un único alimento que puede ir acompañado de otros alimentos, aunque de forma muy minoritaria. Por ejemplo, encontramos la dieta del astronauta, dieta cero y de “la Clínica Mayo”.
  • Dietas disociativas: los alimentos por sí mismos no contribuyen a un aumento del peso, sino que este aumento se da cuando se consumen con determinadas combinaciones. Este tipo de dieta no limita la ingesta de alimentos, sino que promueve la ingesta de los principales nutrientes por separado. Por ejemplo, dieta Hollywood, dieta Dukan, la dieta “disociada de Hay”.
  • Dietas excluyentes: se centra en eliminar uno o más nutrientes de la dieta, normalmente HC y / o grasas. En función de este nutriente excluido, podemos encontrar: ○ Dietas ricas en hidratos de carbono, pero sin lípidos y proteínas: causará déficits de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales. Además, la ingesta en exceso de fibra dificultará la absorción de nutrientes causando cólicos abdominales y diarreas.
  • Dietas ricas en proteínas, pero sin hidratos de carbono: producen una sobrecarga renal y hepática importante.
  • Ricas en grasa: se conocen como dietas cetogénicas y son muy peligrosas para la salud al producir graves alteraciones metabólicas (acidosis, cetosis, aumento de colesterol, etc.).

Por ejemplo, encontramos una de las dietas más famosas del mundo: la dieta “Atkins”. En función de las características de la dieta milagro que se siga los efectos negativos pueden ser muy diferentes, por las que no es aconsejable seguir una dieta milagro:

  • Todas las dietas milagro tienen en común que aportan un contenido energético muy bajo. Pueden alterar el metabolismo al restringir la ingesta de calorías y debido a esto normalmente este tipo de dietas tienen un efecto rebote (o también llamado efecto yo-yo. Una correcta pérdida de grasa debe ser lenta, si se pierde peso en un período de tiempo muy corto es posible que se esté perdiendo otro tipo de tejidos, como por ejemplo músculo. Como la musculatura contiene mucha agua y pesa mucho, rápidamente se eliminará mucho líquido corporal ya corto plazo se observará una disminución significativa del peso corporal, pero a la larga se convertirá en un efecto rebote intenso debido a potentes mecanismos neuroendocrinos (mayor eficacia metabólica, aumento del apetito, ahorro energético, etc.). Además, implicarán que cuando se vuelva a comer con una dieta normal se dé un rápido aumento de peso con un incremento de grasa corporal.
  • Déficits nutricionales de macro y micronutrientes hasta llegar a situaciones extremas de desnutrición.
  • Pueden causar cetosis y problemas gastrointestinales, sobrecarga renal y hepática (Por el consumo excesivo de proteínas).
  • Pueden desencadenar en TCA y problemas psicológicos.
  • Son una fuente de gastos económicos innecesarios sobre todo en productos que no producen los efectos declarados.
  • Generan estrés a la persona que sigue la dieta debido a la elevación de los niveles de cortisol (especialmente si son dietas muy restrictivas o hipocalóricas).
  • Transmiten conceptos erróneos sobre la obesidad y su tratamiento que conllevan a que no se corrijan los hábitos alimenticios, sino que los empeoren. Tampoco fomentan una pérdida de peso saludable que mejore la calidad de vida del organismo.
  • Dependiendo de la dieta aparecen varios síntomas (caída del cabello, debilidad en las uñas, mareo, astenia …
  • Cambios metabólicos que terminan produciendo una resistencia a la pérdida de peso.

Todo esto nos hace llegar a una conclusión: la mejor forma de perder peso es mediante un cambio de hábitos alimenticios y un estilo de vida saludable. Realmente ninguna dieta sería necesaria si todos comiéramos de forma sana y equilibrada, con moderación y con los componentes nutricionales en su justa medida, aprender a comer con la cabeza. También hay que asumir el hecho de que después de una dieta no podemos volver a comer como lo hacíamos antes. Hay evolucionar, adquirir unos hábitos y mantenerlos.