La obesidad y sus efectos

La obesidad es una enfermedad crónica de origen multifactorial que se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa corporal. En adultos españoles se considera normal un porcentaje de grasa corporal de entre un 12 y un 20% en varones y de entre un 20 y un 30% en mujeres, mientras que valores superiores a 25% en varones o 33% en caso de mujeres son típicos de situaciones de obesidad (SEEN, 2004). La medición del porcentaje de grasa corporal requiere técnicas más o menos complejas.

El índice de masa corporal (IMC) es la determinación más utilizada para definir y clasificar la obesidad. Este indicador presenta una buena correlación con el porcentaje de grasa corporal y permite diagnosticar obesidad cuando el IMC es superior a 30 y define el sobrepeso cuando el IMC es comprendido entre 25 y 29,9.

En función de la distribución corporal del exceso de grasa se habla de «obesidad androide» cuando la acumulación de tejido adiposo predomina en el tronco y el abdomen, y de «obesidad ginoide» cuando se localiza fundamentalmente en las caderas (región gluteofemoral). La distribución del exceso de grasa condicionará en gran medida el riesgo cardiovascular asociado a la obesidad, estimado a partir de la relación entre el perímetro de la cintura / perímetro del cadera: si es superior a 1 en varones oa 0,90 en mujeres, se trata de obesidad androide.

La prevalencia de obesidad ha aumentado considerablemente en los últimos años, tanto que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se refiere como «la epidemia del siglo XXI». En España, uno de cada dos adultos presenta sobrepeso (SEEDO, 2005) y los datos más recientes permiten estimar que la prevalencia de obesidad entre los 25 y 60 años es de 15,5% (13,2% en hombres y 17,5% en mujeres). En general, la prevalencia de obesidad aumenta con la edad y es significativamente elevada en las mujeres mayores de 45 años de bajo nivel educativo y entorno socioeconómico desfavorable. Los factores etiológicos que influyen en la obesidad incluyen el estilo de vida, circunstancias fisiopatológicas, edad, etc.

■ CAUSAS DE LA OBESIDAD

El «obesidad primaria o esencial» es debida fundamentalmente a un desequilibrio positivo entre la ingesta de energía y el gasto energético. La ingesta alimentaria es controlada por muchos factores, entre los que destacan: neurotransmisores como la serotonina y el neuropéptido Y, hormonas como la leptina o factores psicológicos como la ansiedad y la depresión. El gasto energético, a su vez, comprende el metabolismo basal, la actividad física y la termogénesis (inducida por la dieta o el frío). En este sentido, la ganancia excesiva de peso se atribuye al aumento de la ingesta energética, un defecto en la utilización de hidratos de carbono o grasas ingeridas, la disminución de la actividad física y la termogénesis disminuida o resistencia a la acción de la leptina, entre otros factores.

La «obesidad secundaria» aparece asociada a una otras enfermedades o situaciones que desencadenan la obesidad, entre las que destacan: causas genéticas, endocrinológicas, neurológicas o fármacos.

La dieta inadecuada y el sedentarismo son los principales desencadenantes de la obesidad; es por ello que el tratamiento dietético y el ejercicio físico son los pilares fundamentales en el tratamiento de este problema junto con el tratamiento farmacológico, el apoyo psicológico y la cirugía. Las medidas terapéuticas que se adopten en cada caso dependerán del tipo y grado de obesidad, aunque en muchos casos resulta necesario recurrir a tratamientos combinados, llevados a cabo por un equipo multidisciplinar de profesionales. Los criterios de intervención terapéutica en el sobrepeso y la obesidad establecidos por la SEEDO incluyen aspectos dietéticos, farmacológicos, quirúrgicos, etc. El tratamiento de la obesidad a menudo es costoso y prolongado, no en vano su objetivo es que el paciente obeso pierda peso de manera gradual y que consiga mantener esa pérdida de peso.

El tratamiento dietético suele realizarse mediante una restricción de entre 500 y 1.000 kilocalorías respecto a la dieta habitual, de tal forma que la dieta n’aporte entre 1.200 y 1.500 cada día. Es imprescindible que el plan alimentario se acompañe de una educación nutricional adecuada y valorar la necesidad de tomar suplementos de vitaminas y / o minerales. Además, se recomienda realizar una actividad física moderada de entre 30 y 45 minutos, cinco o más días por semana (subir escaleras, pasear, nadar, bicicleta, etc.).

El tratamiento farmacológico es indicado cuando la combinación de dieta y ejercicio no haya conseguido los resultados deseados. Hasta la fecha, en España sólo se comercializan dos fármacos específicos para la obesidad: el Orlistat (disminuye la absorción de cerca del 30% de las grasas ingeridas) y la Sibutramina (disminuye la ingesta y aumenta la sensación de saciedad).

El tratamiento cognitivo-conductual resulta útil para promover el autocontrol, administrar refuerzos positivos, reducir la ansiedad, corregir pensamientos erróneos, etc. La cirugía se reserva para casos severos de obesidad en los que han fracasado el resto de alternativas. Las técnicas quirúrgicas incluyen reducciones de estómago, alteración del tránsito gastrointestinal, etc.

■ UN PROBLEMA DE SALUD

Antiguamente una imagen rondanxona llegó a considerarse sinónimo de belleza, bienestar y salud; actualmente, sin embargo, esta idea ha quedado totalmente desterrada y la obesidad ha pasado a considerarse un importante problema de salud.

Un elevado número de estudios han demostrado que la representación gráfica de la relación entre IMC y la tasa de muertes producidas como consecuencia de su elevación (mortalidad) se presenta en forma de U o de J, de modo que tanto los IMC muy bajos (desnutrición) como los muy elevados (obesidad) presentan elevado riesgo de muerte. Un IMC superior a 30 presenta un incremento del 50 al 100% de riesgo de mortalidad frente a un IMC de 20 a 25 kg / m² y se estima que más del 70% de los obesos tienen al menos un problema de salud relacionado con su obesidad. En este sentido, se considera un factor de riesgo de enfermedades crónicas, de mortalidad prematura, de discapacidad y de disminución de la calidad de vida. Todo ello, unido a las consecuencias económicas que conlleva, ha determinado que actualmente constituya un importante problema de salud pública de magnitud epidémica. Este problema sanitario se manifiesta tanto en los países desarrollados como en países en vías de desarrollo.

En todos los casos cuanto mayor es el grado de obesidad, mayor es la prevalencia de enfermedad (morbilidad) y mortalidad, y es la obesidad de distribución androide la que se asocia con el desarrollo del mayor número de alteraciones metabólicas y por tanto, es considerada la de mayor riesgo para la salud. Las consecuencias del exceso de peso son influidas por diferentes factores, como son la edad, el grado de sobrepeso, la distribución del exceso de grasa, los antecedentes familiares y personales y el sexo, entre los más destacados.

por Susana Santiago Neri, M. Iosune Zubieta Satrústegui, J. Alfredo Martínez Hernández