El Alcohol: ¿un Elixir o un Veneno?

Desde hace más de 10,000 años, los seres humanos han consumido bebidas fermentadas, y durante todo éste tiempo se le han atribuido propiedades benéficas y nocivas para la salud. Podríamos afirmar que el alcohol es ambos, un elixir y un veneno. Todo depende de la dosis que se consuma.

Varios estudios recientes han demostrado que beber con moderación (no más de 2 copas al día) resulta benéfico para el sistema cardiovascular, reduce el riesgo de padecer diabetes tipo 2 o cálculos biliares.

La contraparte es que cuando se consume en exceso resulta ser un veneno muy peligroso. Estadísticamente la mitad de los accidentes automovilísticos con consecuencias mortales están asociados al consumo de bebidas embriagantes. Además, el consumo constante y en exceso puede dañar el hígado y el corazón. Especialmente en las mujeres, aumenta considerablemente las posibilidades de padecer cáncer de mama entre otros tipos de cáncer. Pero sus consecuencias no se limitan a la salud física de las personas. También afecta la psique con consecuencias sociales pues contribuye a mantener estados depresivos y es un factor que se asocia al incremento en la violencia, con lo que interfiere negativamente con las relaciones interpersonales. Finalmente, se ha identificado que su consumo durante el estado de gravidez en las mujeres puede producir graves daños al niño no nacido.

La naturaleza dual del alcohol no debería ser una sorpresa. El ingrediente activo en las bebidas alcohólicas consiste en una molécula llamada etanol, que afecta al cuerpo de muchas y muy variadas maneras. Ésta molécula influye directamente en el estómago, el cerebro, el corazón, la vesícula biliar y el hígado; según sea la dosis, y las condiciones del organismo que lo ingiere se pueden presentar efectos positivos o negativos. Además, afecta a los niveles de lípidos n el organismo (colesterol y triglicéridos) y la insulina en la sangre, así como la inflamación y la coagulación.

¿Elixir o veneno? En realidad todo es relativo a las circunstancias en la vida de cada quien, pues es un compromiso entre los beneficios y los riesgos del consumo moderado de alcohol a lo largo de la vida. En términos generales, los riesgos superan a los beneficios hasta la edad media, cuando las enfermedades cardiovasculares empiezan a dar cuenta de una parte cada vez mayor de la población.

Así pues, para una mujer embarazada y su hijo por nacer, un alcohólico en recuperación, una persona con enfermedad del hígado, el consumo moderado ofrece en realidad muy pocos beneficios y en cambio muchos riesgos sustanciales.

Para un hombre de 30 años de edad, el aumento en el riesgo de accidentes relacionados con el alcohol supera los posibles beneficios relacionados con enfermedades cardiovasculares. En cambio, para un hombre de 60 años de edad, una bebida al día puede ofrecer protección contra las enfermedades del corazón que probablemente supere los daños potenciales (suponiendo que no es propenso al alcoholismo).

En conclusión, el beber moderadamente tiene beneficios en tanto el individuo no se encuentre en un sector de la población en riesgo, y el beber en exceso será siempre un veneno para el individuo y su entorno.

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